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Regla número 1:
Mostrar interés en los demás
En el año 1936 Dale
Carnegie publicó su primer libro "Cómo ganar amigos e influir en las
personas", obra clásica sobre las relaciones humanas que lleva más de 40
millones de ejemplares vendidos en todo el mundo. Carnegie murió en Queens en
el año 1955, pero la compañía que el fundó produjo una industria
multimillonaria de capacitación internacional.
Peter Handal,
presidente y CEO de Dale Carnegie Training, dice que su consejo favorito surge
del capítulo “Muestre interés en los otros”
“Todos
tendemos a hablar desde nuestro punto de vista”, comenta Handal, “pero lo
que enseña Dale Carnegie en su libro es a pensar y hablar en términos de
los intereses del otro, poniéndose en su lugar. Cuando la gente se siente
escuchada y valorada colabora de otra manera”, concluye Handal.
Regla número 2: Siéntase
seguro
Harriette Cole, quien
brinda consejos sobre relaciones humanas a los lectores americanos en su columna
Sense & Sensitivity (sensatez y sensibilidad), remarca la importancia de
transmitir las ideas con confianza y seguridad. “Si uno está nervioso o incómodo
es más difícil que el otro nos preste atención o compre nuestras ideas. En
cambio, si uno habla con entusiasmo y seguridad, la gente creerá en lo que
decimos”, explica Cole.
Regla número 3:
Muestre respeto
Jonathan Tisch, el CEO
de los hoteles Loews de New York, cuenta que siempre es aconsejable ser
agradecido con todos y cada uno de los trabajadores (desde el botones hasta el
ama de llaves). “La regla de oro –ser buenos con la gente- se aplica a
todos, más allá del rol que cada uno desempeñe dentro de una organización”,
afirma Tisch.
Regla número 4:
Ofrezca soluciones
“Persuadir
al otro no significa darle un sermón”, opina Laurie Puhn, autora del libro
Persuasión constante: Cómo cambiar sus palabras para cambiar su vida.
Según Puhn, la elección
de las palabras es clave a la hora de comunicarnos. “Estar en desacuerdo con
algo o alguien es natural, el tema es cómo lo decimos”.
En las situaciones de
stress o ansiedad, por ejemplo, quejarse de un problema no hace más que crear más
problemas. Para Puhn, al aportar un posible solución estamos recambiando la
energía. “Además, tener la capacidad de ofrecer soluciones hace que nuestra
presencia se torne necesaria dentro de un equipo de trabajo”.
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