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Una de nuestras principales
prioridades como gerentes es poder ser líderes eficaces que motiven,
recompensen y desarrollen el desempeño de los empleados. Pero... ¿qué pasa
cuando tenemos que estar permanentemente recordándole esto a nuestro propio
jefe?
Tratar de motivar a otros cuando
nuestro supervisor directo no nos apoya, o aun peor, cuando desautoriza las
acciones que emprendemos para conducir al personal, puede llegar a afectar tanto
nuestro espíritu de trabajo como la eficiencia de nuestro equipo.
Las conductas clásicas de un jefe
que no colabora son la falta de expectativas claras, el constante cambio de
objetivos, las contraórdenes, la falta de integridad, las políticas
negativas y el micro-management: el superior que no quiere delegar nada y se
mete en todo, hasta en cómo pegar una estampilla.
Sin embargo uno debe seguir conduciendo a otros con eficacia a pesar del mal
comportamiento del propio jefe. Todo es cuestión de buscarle la vuelta. No
necesitamos al jefe para crear el mundo en el que deseamos vivir.
Pasos salvadores
Para decidirse y buscar una salida
positiva cuando uno siente que su jefe no le responde se requiere valor, sabiduría
y autocontrol emocional. La reacción normal suele ser irse a los extremos: una
confrontación insalubre, o querer eludir la situación por completo.
Para aquellos que están dispuestos a emprender el camino del éxito, he aquí
cinco enfoques que pueden ayudar a manejar mejor a un jefe problemático:
1. Dé por sentado un resultado positivo. Primero, convénzase
de que pueden llegar a un resultado mutuamente conveniente para usted, sus
empleados y su jefe. Si usted no pierde de vista la misión de su tarea/puesto y
hace que su equipo se concentre en sus objetivos, puede suavizar el impacto de
un superior que no colabora. De hecho, un jefe que escatima su apoyo es sólo
uno de los muchos obstáculos que habremos de enfrentar en el desarrollo de
nuestro liderazgo. El desafío consiste en no perder nunca de vista el objetivo
final.
2. Siéntase
habilitado. Los gerentes con jefes difíciles suelen hablar de lo impotentes e
indefensos que se sienten. Si uno considera la relación asimétrica de poder
entre los jefes y los subordinados, por supuesto que el sentimiento está
justificado. A menudo, los ejecutivos que entrevisto se sienten atrapados al
tener que vivir con prácticas injustas, ineficaces o hasta poco éticas por
parte de sus superiores, además de temer las represalias. No obstante, si
deciden expresarle sus preocupaciones a un jefe problemático corren algunos
riesgos personales. Hay que aceptar que el impacto personal puede ser negativo.
Otros buscan la manera de escaparle a la situación cuando la relación con el
jefe se vuelve demasiado dolorosa. Esto no es demasiado recomendable. Hay que
saber cuándo enfrentar la pérdida. Si la situación es insostenible y uno cree
que no tiene posibilidad de modificarla, lo mejor es irse. No se debe esperar un
milagro. Pero tampoco hay que perder de vista el hecho de que la situación
puede volver a presentarse en otro lado. A la larga, aquello que no enfrentamos
suele acosarnos más adelante.
A veces, quedarse tiene sus recompensas. Si bien trabajar con un jefe que no
colabora es infernal, uno siempre aprende lo que puede en su cargo, en tanto
preste servicio en forma leal, con integridad, de la mejor manera posible. Lleva
su tiempo, pero u futuro otra organización reconocerá nuestro talento.
3. Ejerza su
influencia. Dedíquese a mejorar su relación con su jefe en vez de esperar que
algún día él se ilumine y cambie de actitud (o renuncie). Tome la decisión
de ejercer el poder que usted tiene (no pierda tiempo en revolver las
circunstancias que no puede controlar). Ud. puede emprender diversas acciones
para influir en una relación difícil con su jefe. Hay que estar dispuesto a
preguntarse: "¿De qué manera estoy contribuyendo a esta situación?"
Por ejemplo, muchos ejecutivos
expresan una reacción emocional desproporcionada ante la conducta de sus jefes.
Por lo general sólo se trata de un desacuerdo, y lo magnifican como si fuera
algo dramático que no tiene relación con las reales preocupaciones. Hay que
separar los sentimientos y los hechos.
Lo mejor es un abordaje positivo. A
veces, una pregunta o una palabra amable pueden permitir que un mal jefe se
ilumine y modifique su actitud, decisión o acción. Un gerente que expresa
compasión y autocontrol ante la conducta errónea de su jefe puede obtener
reacciones increíblemente positivas entre su gente.
Lo que usted debe hacer es
satisfacer las necesidades de su jefe en forma tal que él respete sus propias
necesidades. Por ejemplo, considere la situación de un jefe micro-manager que
varias veces por semana pide "informes de situación" sin preaviso e
interrumpiendo toda otra tarea. Reaccione ante esta conducta diciendo: "Me
gustaría mantenerte informado acerca del progreso de nuestro equipo de
proyecto. ¿Te parece bien que te presente una actualización en nuestras
reuniones semanales, o preferirías un informe más detallado en la reunión
mensual con todo el personal?"
Las confrontaciones negativas rara vez contribuyen a mejorar la situación. Pero
eso no significa que usted no pueda ser directo. Es interesante observar que hay
ciertas personalidades que requieren un abordaje más frontal.
Algunos jefes de hecho responden
ante una confrontación; quizás sean líderes ó gerentes mediocres, pero
tienen cualidades como para estar dispuestos a escuchar.
Trate de abordar a su jefe diciéndole:
"Quiero que trabajemos juntos. ¿Qué podría hacer yo para contribuir
mejor a nuestra relación?" Luego háblele de lo que usted necesita para
hacer bien su tarea. Una conversación seria y formal acerca de las necesidades
de ambos puede obrar maravillas.
Si el abordaje directo no funciona,
el paso siguiente es hablar con el gerente de recursos humanos. Pero en vez de
utilizar a RR.HH. como una forma más de eludir al jefe, busque consejo sobre cómo
manejar la situación de la mejor manera posible. Según la naturaleza del
conflicto, su gerente de RR.HH. puede decidir si involucrarse más directamente,
acoso sexual o discriminación. Si, después de haber hecho todo lo posible, la
relación con su jefe termina por arruinarse mal, desde todo punto de vista será
ideal que el gerente de recursos humanos esté familiarizado con los hechos que
rodean la situación a fin de poder responder con objetividad.
4. Mejore su
estilo de comunicación. La vida laboral requiere una comunicación frecuente y
eficaz, y una constante y consistente búsqueda de cumplir los objetivos de la
empresa.
Si bien la mayoría de los ejecutivos están de acuerdo en que mantener
informado al jefe contribuye sobremanera a la relación, por instinto muchos se
quedan callados cuando las papas queman. Sin embargo, ese es el momento exacto
en que uno debe decidir si comunicar más que nunca a pesar del instinto en
contrario.
Si usted toma la decisión de pasar
por encima de su jefe, despídase de la relación.
Es sumamente difícil sentir empatía
con un mal jefe y prestarle apoyo cuando uno siente que lo están
desautorizando. A veces resulta útil tratar de ponerse en su lugar.
Los líderes pueden equivocarse no por ser malas personas o insensibles, sino
porque todo el mundo en estos días pasa por épocas difíciles. Muchos jefes
también tienen cuestiones propias de poder y/o inseguridades. Si uno contempla
al jefe con ojos de empatía, puede empezar a dominar las propias reacciones
emocionales ante la situación.
5. Exprese sus
necesidades. Para tratar de resolver las diferencias con su jefe, lo mejor es
emplear un abordaje abierto y enérgico sin ser agresivo. Lo ideal es siempre
intentar primero una conversación auténtica sobre lo que cada uno espera del
otro.
Si usted enfoca esa conversación en
un tono que lleve a resolver los problemas, verá que aumenta la posibilidad de
obtener lo que desea. Pídale apoyo en formas que su jefe pueda aceptar. No hay
que ir con exigencias poco razonables o demandar demasiado tiempo y atención.
Lo mejor es decirle, por ejemplo: "Tengo algunas ideas para el tema del
presupuesto sobre las que me gustaría que me des tu opinión". O: "¿Qué
abordajes utilizó usted antes en este tipo de situaciones?" Si usted no
está de acuerdo con su sugerencia, responda con: "Creo que ese abordaje
tiene muchas posibilidades. También estuve pensando en esta otra
alternativa…".
Usted necesita comunicarse con su jefe
en forma eficaz a fin de establecer las expectativas compartidas de ambos. Para
eso, tenga en claro sus propias necesidades y explíqueselas en forma sucinta e
inequívoca. Sus solicitudes deben ser profesionales, no emocionales. Y esté
dispuesto a explicar los motivos laborales subyacentes.
El abordaje realista es el más
eficaz: plantearle al jefe las expectativas, pero despojándose de la ambición.
Si usted mantiene su meta en la mira y sólo selecciona lo imprescindible, a
menudo podrá obtener lo que desea para satisfacer los desafíos más
importantes con que se enfrente, sin abrumar al jefe con exigencias.
Plan de acción
Una vez entendidos los cinco
principios para tratar con el jefe difícil, usted debe tomar algunas decisiones
con respecto a cómo habrá de manejarse a continuación. A veces conviene
desglosar el problema en pequeños pasos. He aquí algunos enfoques que han
demostrado ser de utilidad.
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Evalúe la situación. Ud. debe
evaluar el terreno por el que camina. "¿Puedo contar con mi
jefe?" "¿Hasta qué punto?" "Mi jefe, ¿interfiere con
mis obligaciones?" "En caso de que así fuera, ¿de qué
maneras?" "¿Es impredecible?" "¿Cuánto influye
eso?" Concéntrese en los temas y hechos más importantes.
-
Evalúese con objetividad. Esté
dispuesto a reconocer su propio rol en la situación. Pregúntele a su jefe
qué podría hacer usted para mejorar la relación o su servicio. Esté
dispuesto a escuchar, y tenga una actitud abierta a la posibilidad de poder
estar equivocado. Sea honesto con usted mismo respecto de la manera en que
sus emociones tiñen su perspectiva.
-
Ponga en perspectiva sus propias
emociones. Antes de poder trabajar eficazmente con su jefe, usted debe
desarrollar su autocontrol emocional. A fin de poder dominar sus propias
reacciones, reencuadre la situación poniéndose en el lugar del jefe.
-
Recuerde que usted no es una víctima,
sino tan solo otro ejecutivo que enfrenta un nuevo desafío. Los jefes difíciles
son lo más normal del mundo. Piense también en cuánto va a aprender a
partir de la situación. ¿Quién sabe? A lo mejor algún día usted se
encuentra en esa misma situación pero del otro lado del escritorio.
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Encare a su jefe en forma
profesional. Nada de sentimentalismos. Considere su mentalidad, el momento y
el lugar. Concierte la reunión de antemano, con la suficiente antelación
como para que las cosas no salgan a las apuradas. También esté dispuesto a
escuchar las preocupaciones de su jefe. Si usted reacciona ante las críticas
sin ponerse a la defensiva, más probable será que su superior quiera
escucharlo.
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Por último recuerde que a veces,
por más que usted haga todo bien, las cosas pueden salir mal. Sin embargo,
si opta por comportarse con integridad, se sentirá mejor a pesar de todo.
Usted no es responsable por la manera en que su jefe se comporte; lo único
que puede controlar es a usted mismo. Los jefes van y vienen, pero usted
siempre estará acompañado por su propia presencia vaya a donde vaya. Asegúrese
de ser el tipo de persona que le gustaría tener de jefe.
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